Los “noes” de tu vida

Desde niños, parte de nuestra educación está basada en un montón de “síes” y “noes” que sirven principalmente para protegernos de lo que nos espera fuera, para convertirnos en adultos menos vulnerables: “no metas los dedos en el enchufe, no comas tantas golosinas, estudia… etc.”

Todos ellos, se establecen en nuestra cabeza y son los responsables de buena parte de nuestras decisiones diarias. Algunos son básicos y necesarios para vivir civilizadamente, otros son culturales: convenciones sociales que nos vienen establecidas y que toman el control de nosotros mismos cuando ponemos el “modo automático”.

¿Qué es eso del modo automático?

Es ese software que se activa en nuestro cerebro y nos lleva a cumplir paso a paso lo que se espera de nosotros. Ese que te anima a seguir en una relación de pareja por el simple hecho de que lleváis diez años juntos, el que te empuja a seguir en ese trabajo que encontraste al salir de la universidad porque tal y como están las cosas, cualquier se plantea otra cosa… etc.

Está activo en todos y cada uno de nosotros en mayor o menor medida, y está muy bien ¿eh? Hay a quien le funciona perfectamente seguir el camino del éxito establecido, quien tiene pánico a ciertas dosis de riesgo en su vida, y lo que le da tranquilidad, seguridad y felicidad es precisamente no sacar un pie fuera de lo que llamamos “zona de confort”. Seguramente estás harto de escucharlo en todas partes. Tranquilo que no seré una más, pero si estás aquí es porque ese modelo automático a ti no te está funcionando.

Lo que de verdad me gustaría es que te plantees cuánto hay de verdad en eso. Cuánto de autenticidad, de ti mismo hay en esas acciones, en esas decisiones, en esa parte de tu vida; porque te diré una de mis grandes verdades: 

NO TIENES QUE SER LO QUE SE ESPERA DE TI

Cuando somos niños, nos es muy fácil soñar. Pensar que de mayor queremos ser astronautas, o bomberos. Bueno yo quería ser peluquera, que es menos exótico, pero igualmente soñaba sin parar. Seguro que tú también tenías alguna idea que fue apagada con un jarro de realidad. Quizá pintabas muy bien, y fantaseabas con la idea de estudiar pintura. Tocabas algún instrumento, y esas clases de música se han quedado en el tintero. O tal vez son las clases de baile, de tango, de teatro…

Puede que en algún momento confiaras en alguien para contarle tu sueño y te soltara un “no” que hayas guardado inconscientemente en la recámara porque fue el “no” que evaporó tu creatividad, tus ganas de soñar, y que activó ese modo automático porque pensar en otra cosa… ¿no vale la pena?

Es muy probable que esos “noes” se hayan clavado fuerte e inconscientemente se hayan convertido en los noes de tu vida. Los que, quizá sin darte cuenta, rigen un montón de decisiones porque ahora eres tú quien los ha adoptado y te repites a ti mismo que no vale la pena ya apuntarte a clases de canto.

¿Y si los destapamos?

Te propongo algo: coge papel y lápiz y en un rato que tengas para ti, sin que nadie te moleste, haz un viaje en el tiempo y escribe una lista con tus monstruos históricos. Esos que alguna vez te dijeron algo que aún hoy retumba en tu cabeza. Sí, aquel imbécil de sexto que dijo que eras el peor delantero del mundo; o aquella pedorra que te dijo que con tantas faltas de ortografía cómo ibas a querer ser escritora…

¿Crees ahora que tenían razón?

 

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