
Siempre pensé que con los años, me convertiría en esa clase de mujer que siempre tienen crema de manos, kleenex, y caramelos en el bolso, además de remedios para todo, y una dosis extra de tiempo al día para dedicarlo a cosas productivas. Te ves a ti misma en un futuro – que llega demasiado pronto -, convertida en una superwoman.
Maldita infancia feliz. Claro, feliz porque te la pasas construyendo expectativas demasiado altas sobre todo lo que te rodea. ¡Ay! El daño que han hecho los cuentos de princesas de Disney a mis expectativas con los hombres. Si al final yo me conformaba con un príncipe desteñido, ¡ni siquiera lo pedí azul!.
Supongo que la culpa de que nuestra imaginación vuele alto, entre otras cosas, la tienen las madres, por ser tan geniales y hacernos pensar que nosotras seremos iguales. En mi caso, me temo que esto no cambiará a no ser que cuando me convierta en madre, me entreguen al niño y súper poderes. Puede también que sufra una evolución genética en el momento del parto, transformándome en mujer diez. Lo sé, voy a sentarme a ponerlo en duda un rato, sí. Podeis quitar esa cara.
El caso es que acabo de cumplir veintitantos, y de atravesar una ligera crisis en la que me he dado cuenta lo lejos que ha quedado esa vida excitante en la que te dejaban entrar por primera vez en el sitio de moda de tu ciudad, no existía más preocupación que hacer planes para el fin de semana, aprobabas el carnet de conducir, perdías la virginidad y bla, bla, bla. Todo era fácil y divertido. No sé en qué momento he pasado a pensar en que me dé tiempo a poner una lavadora, pasar una tarde en Ikea, llegar a fin de mes o interesarme de verdad en páginas como ésta.
Además, en todo este proceso, no me he convertido en ese modelo de mujer, y reconozcámoslo ya, jamás haré la tortilla como mi madre. (Suspiro). Después de asumirlo, y dedicarme a pensar en temas serios y trascendentales como por ejemplo: irme a vivir a una isla paradisíaca, hacerme rica y famosa de una vez, declarar mis intenciones para con su hijo a la madre de Johnny Depp, o decidir qué hacer con mi pelo, he llegado a la conclusión de que… que… ummm. Vale, no he llegado a ninguna conclusión aplastante. ¿Qué esperábais?

Lo más que puedo susurraros, es que le he guiñado un ojo a la ligera – híperligera – crisis de los veintibastantes, esperando aquí a la de los treintayalguno. Seguiré perdiéndome, y encantada de ello. Sin tener nada que ver con estar perdida.
Aprovecho la coyuntura, si es que todavía cuento con vuestra atención – oh maltratado lector – para dar las Gracias por todas las felicitaciones. Algunas sorprendentes. Os ahorro unos cuántos párrafos de ñoñería gratuita que ya he volcado en algunos mails.

Ya eres una mujer diez!! Y si un día tienes una niña también pensará que nunca le saldrá la tortilla de patatas como a ti ;P … Te dejo una cita de… alguien:
“La vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia” Si baby!!!
Dios! la página de comida está genial, acabo de sacar los tomates de la nevera! Yo es que soy un viejuno encantado de ir a más, así que ya verás que bueno lo de los treintaytantos
Lo que no merecería la pena es pasar por la vida sin dejar que te afecte, te cambie o simplemente te puedas parar a mirar si va por donde quieres. Feliz ligerísima crisis superada!!!